De cómo el COVID19 cambió nuestras vidas
ENERO 2020 - BROTE EN CHINA
¿Qué pasaba en el mundo?
El 31 de diciembre del 2019 la Comisión Municipal de Salud de Wuhan notificó la aparición de una serie de casos de neumonía de etiología desconocida. En aquel momento se describía una vinculación clara epidemiológica de estos casos con un mercado mayorista de mariscos, pescado y animales vivos en Wuhan, provincia de Hubei, China. A las 09:00h am del 7 de Enero del 2020 el virus es identificado como un nuevo coronavirus que recibe de forma oficial por la OMS el nombre de SARS-CoV2 y a la la patología que producía como COVID-19 (“Coronavirus Infectious Disease”). Todas las sociedades científicas aplauden la prontitud en la identificación del virus, como primer paso en el control de la propagación del mismo a nivel internacional. El 12 de enero del 2020, se realiza el lanzamiento público del genoma dentro de la “Global Initiative on Sharing All Influenza Data [GISAID] platform”. Durante ese mes los casos iban aumentando de tal forma que a fecha del 24 de enero se habían declarado ya en China 835 casos.
¿Qué pasaba en nuestro hospital?
El 7 y 10 de febrero del 2020, desde la Comisión de infecciones presentamos sendas sesiones hospitalarias para dar a conocer la nueva enfermedad. ¿Qué sabíamos entonces, o qué fue lo primero que aprendimos de este nuevo coronavirus? Sabíamos que los coronavirus eran un tipo de virus con genoma ARN y que la información que contiene este material genético le sirve para sintetizar diferentes proteínas que forman parte de su estructura. Una de estas proteínas se proyecta a modo de espículas (proteína S, de spike en inglés), creando en el microscopio electrónico una imagen que recuerda a una corona, de ahí el nombre de coronavirus. Los coronavirus se conocen desde hace muchos años y no todos los coronavirus son infectivos para el hombre. La disminución de la biodiversidad y extinción de especies que pueden actuar como hospedadores de virus, la cada vez mayor relación de los humanos con los animales, el traslado de los mismos desde su medio habitual, unido a la probabilidad de mutaciones de los virus, ha provocado en diferentes momentos, la posibilidad de este salto entre especies, actuando así el hombre como hospedador intermedio del virus. Previo al actual SARS-CoV2, sólo estaban descritos 6 coronavirus infectivos para el hombre. La mayoría de estos coronavirus humanos producen resfriados comunes (4 de ellos, 3 alfa y uno beta). El primer Betacoronavirus letal para los humanos apareció en China en el 2002, el SARS-CoV ("Severe Acute Respiratory Syndrome"), que infectó a 8. 096 personas causando 774 exitus (con una tasa de mortalidad del 10%) y afectando a 32 países. Desapareció en la primavera de 2004 y desde entonces no ha causado más problemas. El segundo, el MERS-CoV ("Middle East Respiratory Syndrome”) apareció en Arabia Saudí en el 2012, causando 2494 infectados y 857 muertes (con una tasa de mortalidad del 30%) en 27 países. Y es que los virus emergen y resurgen globalmente sin tener en cuenta las fronteras, como bien hemos sufrido en la actualidad.
Lo primero que supimos del nuevo SARS-CoV2 es que provocaba sintomatología respiratoria o cuadros virales, siendo los síntomas más frecuentes fiebre, tos seca, disnea o cefalea (en aquel momento poco sabíamos que también podía dar síntomas característicos como anosmia o ageusia). También supimos que la mediana de edad era de unos 55 años, que había un predominio de hasta un casi un 70% en varones, que no afectaba a niños, que la mediana de edad de los pacientes que fallecían estaba alrededor de de los 75 años y que los factores de riesgo cardiovascular o la patología pulmonar previa, eran factores de riesgo para el desarrollo de la enfermedad. Sin embargo en aquel momento nos faltaban muchas preguntas aun por responder, a pesar de que el murciélago parecía el reservorio inicial del virus, no sabíamos qué animal había actuado como huésped intermedio al hombre (algo que seguimos sin conocer), tampoco sabíamos la tasa de letalidad que podía alcanzar, no estaba claro si podían transmitir el virus personas asintomáticas (luego hemos sabido que si), o cual era el grado real de transmisibilidad.
¿Qué pasaba en nuestras cabezas?
En aquella época nada nos hacía pensar que este problema pudiera ser nuestro también y menos en la medida en la que luego lo hemos sufrido. Teníamos como médicos y yo como infectóloga, el interés propio y la curiosidad científica de saber sobre un nuevo virus que nuevamente se había transmitido como zoonosis.
EPIDEMIA MUNDIAL - CASOS EN ITALIA
¿Qué pasaba en el mundo?
Los primeros casos de COVID en Italia se confirmaron el 31 de enero de 2020, cuando dos turistas chinos en Roma dieron positivo para la infección. Posteriormente se detectaron varios grupo de casos, principalmente en la región de Lombardía, siendo documentadas las primeras muertes por SARS-CoV2 el 22 de febrero del 2020. A principios de marzo, el brote golpeó a Italia más que en cualquier otro lugar de la Unión Europea.
¿Qué pasaba en nuestro hospital?
El 25 de febrero en reunión de urgencia en el Hospital de Barcelona, decidimos que con los casos Italianos, desaparecía el antecedente epidemiológico de la procedencia de China y entendimos que podíamos tener en cualquier omento un caso en el hospital y por tanto un brote entre el personal. Se decidió aislar a todos los pacientes que ingresaban en el hospital con síntomas respiratorios, y hasta disponer del diagnóstico etiológico. La preocupación de un brote nosocomial nos hizo tomar una medida que en aquel momento ningún hospital estaba haciendo y que luego nos ha permitido evitar un mayor número de casos entre el personal sanitario. A partir de ese momento se crea además un comité científico para abordar el problema de la epidemia por SARS-CoV2 y se realiza el primer protocolo para el aislamiento y manejo de pacientes COVID en el Hospital (llegando a tener hasta 12 versiones a lo largo de dos meses, como consecuencia de la aparición de nuevos conocimientos y rapidez en su difusión).
¿Qué pasaba en nuestras cabezas?
El sentir que la epidemia se iba cada vez más acercando a ser una pandemia, el importante número de casos y muertes en nuestro país vecino no sólo por cercanía, sino también por cultura y genética, nos hizo sentir que aquello que en un primer momento estaba tan lejos de nosotros en todos los sentidos, podía ser un problema y un riesgo importante también en nuestro país. Probablemente vivíamos en un estado de preocupación ante la posibilidad de afectación en primera persona, pero al mismo tiempo en un estado de negación absoluta.
PANDEMIA MUNDIAL - EMERGENCIA SANITARIA EN ESPAÑA
¿Qué pasaba en España?
El primer caso en España positivo para SARS-Cov2 fue confirmado el 31 de enero de 2020 en la isla de La Gomera, en los siguientes días pocos casos y de forma esporádica fueron aconteciendo. No es sino hasta los primeros días de marzo que la epidemia de enfermedad por coronavirus en España se extiende por casi la totalidad de su territorio. Debido a la rápida propagación de la misma, el 9 de marzo, y con 999 casos positivos y 16 fallecidos repartidos por las 17 comunidades autónomas, los gobiernos autonómicos de las regiones más afectadas comienzan a tomar decisiones para evitar su propagación. La región más golpeada por la epidemia fue y sigue siendo la Comunidad de Madrid, seguida de Cataluña. El 11 de marzo la OMS declara que la infección por SARS-Cov2 pasa a ser considerada, a todos los efectos, como una pandemia mundial. El 14 de marzo, cuando España contaban con alrededor de 6000 casos y un número de 200 muertos, el Consejo de Ministros declaró el estado de alarma en todo el territorio nacional con el objetivo de frenar la emergencia sanitaria provocada por la pandemia de enfermedad por coronavirus.
¿Qué pasaba en nuestro hospital?
El primer caso de Coronavirus en nuestro hospital ingresó el 7 de marzo siendo trasladado en pocos días a la UCI, aún recordamos la sensación alrededor de aquel primer caso. En los siguientes días y como el resto de hospitales de nuestro país, sufrimos un auténtico tsunami de pacientes, el hospital pasó a ser un hospital COVID y en un mismo día llegamos a tener más de 200 pacientes ingresados por COVID.
En cuestión de días, los centros de todo el país, los expertos en enfermedades infecciosas y otras áreas relacionadas con la patología, las sociedades científicas y las publicaciones de mayor factor de impacto, comenzaron a compartir en tiempo real la información que se iba obteniendo. En pocos días y a velocidad vertiginosa, empezamos a entender que la enfermedad constaba de tres estadios y que era muy importante entender en cual de ellos estaba el paciente para enfocar el manejo y tratamiento de la mejor forma posible. Supimos, por tanto, que la patología COVID podía evolucionar en tres fases predominantes (y a veces solapadas), una fase de infección temprana, una fase pulmonar y una fase de hiperinflamación grave en el día +7-10 de iniciados los síntomas, como respuesta exagerada del sistema inmune no sólo contra el virus sino contra el propio huésped. Aprendimos a marchas forzadas, que teníamos que aprovechar la ventana de oportunidades previa a que el paciente presentara esa respuesta inflamatoria con fármacos que la controlaban, pero no podíamos usarlos de forma demasiado precoz, para no inhibir la propia respuesta inmunológica defensiva del paciente en una fase infectiva inicial y que pudiera además inhibir el aclaramiento viral. En nuestra experiencia empezamos a tener buena respuesta con tratamientos biológicos como el Tocilizumab, un fármaco que tuvimos la suerte, de poder disponer sin dificultad en nuestro centro. En aquellos momentos, cada paciente que se salvaba o que se daba de alta, se celebraba con enorme felicidad.
¿Qué pasaba en nuestras cabezas?
Durante aquellos días no tuvimos ni tiempo de pensar o entender qué estaba pasando, vivíamos al minuto, cada día era más duro que el anterior. El hospital se reorganizó, se crearon nuevas UCIS, se compraron respiradores, se improvisaron espacios. Desde el Servicio de Medicina Interna, hicimos una llamada a la colaboración de médicos de las diferentes áreas y especialidades del hospital y de Asistencia Sanitaria. En pocos días teníamos un nuevo Servicio multiespecialidad. Se hicieron grupos de trabajo liderados por los internistas, se fueron actualizando los protocolos de tratamiento con lo que fuimos aprendiendo, se crearon otros nuevos con informes tipo y hojas de checklist para poder aun en el caos, trabajar de forma sistematizada. Cada mañana nos reuníamos en el salón de actos y comentábamos la situación, nos organizábamos y durante mucho tiempo prácticamente vivíamos en e hospital. Los fines de semana desaparecieron y trabajábamos en turnos de 3 días, librando el cuarto.
Lo más duro era ver a los pacientes sufriendo, allí estaban representados nuestros padres, abuelos, ellos que siempre nos habían cuidado y ahora les tocaba estar allí solos, vulnerables ante algo para lo que nadie estaba preparado. El ver además, cómo había compañeros ingresados, compañeros que fallecían en nuestro hospital u en otros, te hacía unirte a esa sensación general de vulnerabilidad. Sin embargo, la fortaleza de cada paciente, el vínculo que se creaba con él y la necesidad de pensar que los podías sacar adelante, hizo que todo el mundo se olvidara de su propio miedo, que se rompieran los límites del cansancio y el esfuerzo, y que trabajando todos a uno existiera un único objetivo, el paciente. La solidaridad entre compañeros de todo el hospital en aquellos días es algo que nunca vamos a olvidar. Había una sensación continua entre el llanto y el agradecimiento difícil de explicar y había algo que, por encima de todo, nos mantenía y nos llevaba en volandas ante el agotamiento extremo, la absoluta necesidad de creer en la magia de que sin saber cómo o de qué forma, saldríamos de esta todos juntos.
Dra Yolanda Meije.
30 de mayo del 2020



